Kotosh







Llegar a Kotosh, el misterioso templo de las manos cruzadas, en Huánuco, nunca deja de ser impresionante. El espacio sagrado de los hombres que lo construyeron sigue irradiando una fuerza que atraviesa milenios. ¿Qué significan esas manos cruzadas al parecer en reposo?. ¿Alguna vez en nuestro territorio de incansables trabajadores pudo pasar que detuvieran el ritmo de sus manos?. Los diferentes señoríos que se formaron, integrándose después al imperio inka se distinguieron por su amor al trabajo. Hay que observar mucho las manos cruzadas de Kotosh para llegar a una conclusión. Pueden ser las manos de una divinidad en descanso después de la ardua creación de un mundo nuevo, las manos de un jefe o de un sacerdote avanzando solemnemente para realizar un acto litúrgico, o las manos de un artista incomparable.

Vuelvo a Kotosh después de algún tiempo y, aunque rápidamente, observo con agrado el tratamiento profesional que se ha hecho del lugar. Un puente colgante que acerca al grupo arqueológico, los caminos limpios, las piedras en su lugar. La última vez se le había puesto cemento y con las lluvias cedió la tierra y el muro de contención quedó al aire. Del modo que se ha hecho ahora preserva y protege los vestigios que tenemos de una época grandiosa. Pienso que la misma sensación puede sentir Augusto Cardich, el estudioso que descubrió en esa misma tierra de grandes culturas al hombre de Lauricocha, el más antiguo del Perú.

El grabador que delíneo esas manos enigmáticas debió haber respondido a algún requerimiento. En el mundo occidental hasta se podría pensar en la muerte. Pero, entre nosotros la muerte tiene otra concepción. Entonces no son unas manos sin vida. Quizá hasta se podría pensar que sean protectoras. Esperamos que un día se encuentre una vasija donde se vea completo al dueño de esas manos y arroje luces sobre su significado que actualmente es una atracción porque genera preguntas sin respuesta.


Según se sabe los arqueólogos japoneses, que estuvieron trabajando en el sitio y descubrieron también el templo de los nichitos, quieren volver para seguir buscando testimonios en Kotosh, que ahora tiene nominaciòn de parque arqueológico. Hay otras construcciones que debieron formar parte de la área religiosa y es importante investigar, porque en nuestro país hurgando en el pasado siempre se encuentra mucho y Kotosh puede dar sorpresas.

Los niños que viven en la vecindad reciben con alegría a los turistas. El antiguo morro cubierto por la maleza fue limpiado. Ahora descubre el doble recinto, de las pequeñas hornacinas que reciben el nombre de nichitos y las manos de barro más famosas del Perú. Ellos han aprendido que el techo de paja, colocado para preservarlo, debe llevar un entretejido hecho con las hojas de una palmera. La yarina que se corta en noche de luna llena para que sea impermeable y resista las lluvias un largo tiempo hasta que se renueva otra vez.

En los últimos años se ha cuidado de preservar el monumento. El recorrido está señalizado y sólo se puede ver el interior a través de espacios discretos, con suficiente luz. Las manos auténticas están en el Museo Nacional de Arqueología y de Historia de Pueblo Libre, Lima, pero nos informamos que la réplica ha sido hecha a milímetro.
Las personas que llegan por primera vez admiran el grupo arqueológico y su entorno. Se ha colocado en las partes libres plantas de la región, hay un museo de sitio con réplicas de piezas de cerámica posteriores, pues, Kotosh, con unos 4,000 años es del precerámico; el puente colgante es pintoresco y no lo alcanza el oleaje del río Higueras cuando sus aguas se ponen furiosas. Hay mesas y banquetas para descansar al concluir el paseo y hacer sugestivas presunciones. Las máquinas fotográficas no se dan tregua pero hay postales de diferentes ángulos que se pueden comprarl así como pequeños recuerdos, llaveros, bolsitas, etc.

El boleto de entrada es económico. El taxi, ida y vuelta, con espera de una hora tiene un precio especial y, previo arreglo, se puede ir al grupo arqueológico de Garu, que luce dos majestuosas torres gemelas a 70 km. Algo nuevo para ver en este viaje que ofrece más adentro el gran santuario inka de Huánuco Viejo y más distantes los rascacielos de Tantamayo. Reliquias que se podrán abrir al turismo cuando tengan una buena carretera.

Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.

1 comentarios:

Jurguen Zambrano dijo...

Espero darme uan escapada visitar Kotosh. Estoy por 2 dias en Huanuco. Saludos y felicitaciones por difundir lo nuestr.